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Las consecuencias para las mujeres de las cárceles “mixtas” en California

Diversas asociaciones feministas y activistas por los derechos de las mujeres presas han denunciado las agresiones sexuales a manos de los hombres trasladados a módulos de mujeres y la desprotección por parte de las autoridades, cuya única respuesta ha sido proporcionarles métodos anticonceptivos.

El 1 de enero de 2021 entró en vigor la ley SB132 en California, propuesta por el Partido Demócrata, que permite a las personas “transgénero, no binarias e intersexuales” el ingreso o traslado a prisiones “acordes a su identidad de género”, incluyendo el uso compartido de celdas e instalaciones sanitarias con miembros del otro sexo. Esta ley contempla a personas condenadas por cualquier tipo de delito, sin excluir a agresores sexuales y feminicidas.

Desde su entrada en vigor se han recibido alrededor de 300 solicitudes de traslado – excepto 6, todas a cárceles de mujeres –, de las que ya se han tramitado una veintena. Ninguna solicitud ha sido denegada.

Como toda respuesta a esta entrada de hombres, las prisiones han anunciado que pondrán a disposición de las reclusas preservativos, anticonceptivos y recursos para embarazadas (cuidados prenatales, interrupción del embarazo y adopción). Si bien ciertos recursos pueden resultar útiles a mujeres que ingresaron en prisión ya encintas, otros están indiscutiblemente pensados en previsión de aquellas que vayan a quedarse embarazadas durante su condena. Sin embargo, el reglamento de las prisiones de California prohíbe las relaciones sexuales dentro de los centros y contempla medidas disciplinarias en caso de incumplimiento. Resulta, por tanto, sorprendente y profundamente contradictorio que las autoridades ofrezcan recursos destinados a actividades no autorizadas. Supone aceptar, en el mejor de los casos, que su normativa se vea infringida, con el consiguiente riesgo de enfermedades de transmisión sexual – por ejemplo, algunos presos con VIH fueron trasladados a módulos de mujeres y los preservativos no fueron repartidos hasta varios días después –, y, en el peor, que las reclusas sean víctimas de agresiones sexuales dentro de sus propias instalaciones, lo que convierte a las autoridades federales en cómplices.

Lo que está sucediendo en California constituye, por desgracia, un aviso de las consecuencias de las leyes de autodeterminación de sexo. Si, como contempla el anteproyecto de Ley Trans en España en sus artículos 37.1, 37.4 y 40.2, cada persona puede autodeterminarse libremente de un sexo u otro, sin necesidad de informes médicos, psicológicos o cirugías, y ejercer los derechos inherentes a este, nada impide a hombres condenados por violencia contra las mujeres ingresar en módulos femeninos alegando simplemente “tener una identidad de género femenina”. El anteproyecto de ley contempla específicamente esta situación en su Disposición adicional tercera, dirigida a la modificación de Reglamento Penitenciario.

Anteproyecto de Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI.

Aunque los transactivistas menoscaben o directamente nieguen los efectos perniciosos de las leyes de autodeterminación sobre la integridad y la salud de mujeres y niñas, la situación en California nos demuestra lo contrario.

Es innegable que existen personas, tanto hombres como mujeres, especialmente vulnerables o discriminadas dentro de las prisiones, cuyo derecho a la integridad debe verse reconocido y protegido.

Foto de Rebelnews

Sin embargo, es inaceptable que este reconocimiento sea a costa de la seguridad de las mujeres. Por ello, desde Women’s Human Rights Campaign (WHRC) reivindicamos el derecho de las mujeres a espacios seguros, exclusivos y segregados por sexo, tal como recoge el artículo 8 de nuestra Declaración:

«Entre los servicios no mixtos deben contarse los servicios […] en los que las provisiones no mixtas fomenten la seguridad física, la privacidad y la dignidad de las mujeres y las niñas. Entre éstos cabe mencionar las prisiones […] y cualquier otro espacio cerrado donde las personas residan o puedan encontrarse desnudas. […]En esas instalaciones no debe haber hombres que afirmen tener una “identidad de género” femenina.»


Desde WHRC trabajamos para que los derechos de las mujeres sean respetados. Ayúdanos firmando nuestra Declaración.

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